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Cuando expresó su intención de estudiar Ingeniería, recibió un “Ni lo sueñes”. Regresó con el mejor examen de la universidad y la firme determinación de nunca dejarse hacer menos por nadie.
No le tiene miedo a probarse a sí misma o a explorar sus otras inteligencias; en cambio, le apanican los aviones y, como tiene que tomarlos a cada rato, se resigna a cerrar los ojos y pasársela rezando todo lo que dura el vuelo.
Llegó de Venezuela, se casó y tuvo a sus primeros hijos. Cuando se divorció, no tenía adonde ir, ni podía volver a su tierra. Entonces hizo limonada con limones mexicanos y se dedicó a dar pasos firmes para forjar aquí una carrera y una reputación admirables.
A sus 50 y poquitos, reporta un sabático muy provechoso. La realidad es que ya era una estrella en el firmamento corporativo, y su actual “tiempo fuera” la ha vuelto aún más atractiva.
Hoy, instalada en una nueva forma de trabajo, tiene activado el modo aprendedor, moldea cerámica por hobby y sigue combatiendo su inercia de hacer para ejercitar más el músculo de simplemente ser.
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Cuando expresó su intención de estudiar Ingeniería, recibió un “Ni lo sueñes”. Regresó con el mejor examen de la universidad y la firme determinación de nunca dejarse hacer menos por nadie.